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¿Cómo funcionan los frenos de disco?

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Actualmente, el mercado automotriz cuenta con dos sistemas de frenado para equipar a un vehículo, los clásicos frenos de tambor, o los de disco. Estos últimos son un tema importante a considerar, si eres del tipo de cliente que prioriza la seguridad al momento de comprar un coche.

Partes del freno de disco

El principal componente es el disco, una pieza circular fabricada a base de hierro fundido, integrado al mecanismo giratorio de la llanta.

A continuación, vienen las pastillas de freno o balatas, elementos encargados de hacer presión sobre el disco de freno, gracias a la fuerza que generan los pistones. Los pistones están localizados dentro de una pinza, que puede tener la propiedad de ser fija o flotante, siendo la segunda la de uso más común y la fija, la que equipan los coches de altas prestaciones.

Tipos de frenos de disco

Aunque esta tecnología lleva varios años en el mercado, es importante que los frenos de disco continúen en constante evolución, razón por la que, los elementos que lo integran han sufrido modificaciones en sus composición y estructura, para mejorar la asistencia que nos ofrece este tipo de sistema de frenos.

Discos de freno sólido

El disco se compone de una sola pieza, la cara es completamente plana, y dada su baja capacidad para disipar el calor son los más accesibles del mercado. Es por esto que, los encontramos en la mayoría de los modelos recientes.

Discos de freno ventilados

Se compone de dos discos separados mediante una serie de canales en forma curva o recta, que permiten el flujo del viento. Lo que se busca es que al momento en el que el disco va girando junto con la llanta, los canales produzcan un efecto de ventilador, generando una corriente de aire que asemeja a un pequeño sistema de enfriamiento.

Este tipo de disco lo encontramos en coches de alto rendimiento, debido a que estos son de mayor cilindrada, generan más potencia, y por ende necesitan que el calor generado por la cinética se disipe más rápido.

Discos de freno perforados

Este tipo de disco es el menos usual, y lo podemos encontrar como equipamiento base en la gama de coches deportivos y exóticos; mismos que, debido al uso que se les da, necesitan liberar una serie de gases generados a partir del uso excesivo del sistema de frenado.

Estas ranuras, además de reducir el calor, reducen el peso de la pieza y no permiten la acumulación de agua al manejar con lluvia, además de que siempre se puede optar por fabricarlos con cerámica de carbono en vez de hierro.

Es evidente que, lo discos carbocerámicos son más resistentes tanto al calor, como a las deformaciones, y es por eso que a mayor tecnología, el precio será mas elevado.

Discos de freno rayados

Este disco además de contar con las mismas propiedades que tienen los perforados, logra que las pastillas o balatas se limpien. Pues al ser raspadas por las rayaduras del disco, esto logra que las pastillas tengan mejor agarre y las vibraciones sean menores, aunque el desgaste si podría verse más comprometido.

Asimismo, pueden encontrarse discos rayados con perforaciones parciales, que te ofrecerán ambos beneficios, con un menor índice de erosión.

¿Cómo dar mantenimiento a los discos de freno?

Sin duda, el elemento que mayor desgaste presenta es la balata o pastilla, misma que debe ser reemplazada dependiendo del nivel de erosión que genera su fricción con el disco.

En caso, de no haber realizado el cambio en tiempo, un indicador de desgaste te alertará sobre el problema, manifestándose con un molesto chillido, producto del contacto entre ambos metales.

Si notas algún tipo de vibración en el volante o pedal al frenar, lo más recomendable es llevar a rectificar los discos de freno, que consiste en hacer uso de un torno de presión para desgastar milimétricamente la cara del disco, con el fin de eliminar las irregularidades que surgen con el uso constante.

Pero entonces, ¿cada cuánto se debe cambiar el disco?

Debido a que tanto la estructura como los materiales con los que están fabricados, los discos pueden soportar situaciones de mucho estrés, por lo que, puede que no tengas que cambiar el disco en un largo periodo de tiempo.

Con esto tenemos que la media de la vida útil de los discos de freno oscila entre los 50,000 y los 120,000 kilómetros, aunque como lo dijimos, esto dependerá del uso y el material empleado.

Si notas que alguno de tus discos de freno presenta signos de desgaste visual como lo es una fisura o rotura, esto quiere decir que tienes que cambiarlo de inmediato. En este caso, te sugerimos llamar a tu mecánico o ponerte en contacto con nuestra plantilla de expertos para que puedan brindarte el servicio.

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